miércoles, 3 de febrero de 2010

EPIDEMIOLOGÍA

FUNDAMENTOS DE LA EPIDEMIOLOGÍA
 La epidemiología (epi: sobre, demos: pueblo) es la disciplina científica que estudia la distribución y frecuencia de las enfermedades en las poblaciones humanas.


La epidemiología se considera una ciencia básica de la medicina preventiva y una fuente de información para la formulación de políticas de salud pública. Estudia, sobre todo, la relación causa-efecto entre exposición y enfermedad. Las enfermedades no se producen de forma aleatoria; tienen causas, muchas de ellas sociales, que pueden evitarse. Por lo tanto, muchas enfermedades pueden prevenirse si se conocen sus causas.


Historia
 La Epidemiologia científica es una ciencia relativamente nueva que data a mediados del siglo XIX, época en que se inicio también la ciencia de la microbiología. Los primeros estudios epidemiológicos se llevaron a cabo cuando aun prevalecía la teoría miasmática de las enfermedades (se creía que los olores emanados de sustancias putrefactas, principalmente de los cadáveres, o del agua podrida o contaminada, o del aire contaminado eran los responsables de la diseminación de las enfermedades). Aunque se reconocía que los padecimientos se transmitían de persona a persona, también se creía firmemente que las emanaciones de la suciedad y de la materia en descomposición eran las que difundían el mal durante las epidemias.

El primer estudio epidemiológico relevante fue realizado en 1849 por el médico inglés John Snow.

 John Snow formuló la hipótesis de la transmisión del cólera por el agua y lo demostró confeccionando un mapa de Londres, en donde un reciente brote epidémico había matado más de 500 personas en un período de 10 días.







Marcó las localizaciones de los hogares de aquellos que habían muerto. Por las marcas sobre el mapa pudo ver que todas las muertes habían ocurrido en el área de Golden Square.

La más marcada diferencia entre este distrito y el resto de Londres era la fuente de su agua potable (servidas por la bomba de agua de Broad Street). La compañía de agua privada que suministraba a la vecindad de Golden Square estaba obteniendo su agua de una sección del río Támesis la cual era conocida por estar especialmente contaminada. La epidemia comenzó su regresión al cerrar esa bomba. Cuando se cambió la obtención del agua de la fuente de un sector del río más arriba y menos contaminado cedió la epidemia de cólera.


FIEBRE PUERPERAL DR. SEMMELWEIS



La infección o fiebre puerperal es la enfermedad que afectó a un gran porcentaje de mujeres tras el parto, causándoles la muerte hasta el descubrimiento de la causa que lo originaba en 1848.


El problema


En el Hospicio General de Viena había dos divisiones en maternidad: la Primera tenía el mayor número de casos de mujeres que enfermaban de fiebre puerperal (en 1842, en agosto, murieron el 27% de las parturientas, en octubre el 20% y en diciembre llegó al 33%, su nivel más alto). En cambio, en la Segunda División el número era mucho menor (de menos del 3%), a pesar de que recibían los mismos cuidados y ambos pabellones tenían el mismo número de mujeres (100 mujeres en cada uno). Ignaz Semmelweis, el médico más valorado del hospital, entre los años 1844 y 1848 trató de solucionar este problema.


Las hipótesis


Si en las dos Divisiones hay aproximadamente el mismo número de pacientes entonces el índice de mortalidad debería de ser más o menos el mismo.


Semmelweis pensó en un primer momento que podía deberse a cambios atmosféricos-cósmico-telúricos, es decir, a alguna epidemia que hubiese por aquella época y que pudiese afectar a las embarazadas. Pero:


- ¿Cómo podría la epidemia haber afectado en la Primera División durante años y no en la Segunda?


- ¿Y el resto de hospitales de Viena?


- Además, Semmelweis observó que las mujeres que, tomadas por sorpresa, parían en la calle y después llegaban a la sala del hospital, casi siempre se salvaban, incluso en las épocas de epidemias.


Por estos motivos, refutó esta hipótesis y buscó otra nueva.


- La dieta: la calidad de la comida era la misma tanto en una División como en otra.


- La limpieza: comprobó que la limpieza también era la misma en ambas divisiones.


- El grado de hacinamiento: era incluso superior en la Segunda División.


Refutó entonces estas tres hipótesis.


• Estudió el nivel socioeconómico de las mujeres por si atendían mejor a las de la Segunda División, ya que al cabo de un tiempo de hacerse famosa la Primera División del Dr. Klin ninguna quería ingresar en su pabellón y casi el 40 % de las que lo hacían eran aquellas que llegaban sin ayuda, ni tan siquiera de familiares suyos que pudieran llevarlas a otro lugar. Estas mujeres solían ser las más rechazadas de la época: las solteras embarazadas. A pesar de estos motivos, Semmelweis desechó esta hipótesis ya que los médicos ingresaban a las parturientas sin tener en cuenta su nivel socioeconómico. Se limitaban a instalarlas en las camas que quedasen libres.


• Una comisión investigadora adjudicó la responsabilidad a los estudiantes que habían examinado a las parturientas debido a unas prácticas universitarias. Aseguraban que además de no realizarlas bien, hacían sentir vergüenza a las mujeres. Semmelweis refutó esta hipótesis al afirmar que:


o Las lesiones producidas en el proceso del parto son mayores que las que pudiera producir un examen poco cuidadoso.


o Las comadronas de la Segunda División examinaban a las pacientes de la misma manera que los estudiantes.


o Para demostrar que esta hipótesis era falsa redujo el número de estudiantes y se restringió casi al mínimo el examen de las mujeres por parte de ellos y la mortalidad, tras descender un poco, alcanzó sus niveles más altos.


• Otra hipótesis fue que en la Primera División, cuando una parturienta estaba a punto de morir, el sacerdote iba hasta la enfermería, donde se encontraba la moribunda, haciendo sonar una campanilla. Para llegar, tenía que atravesar cinco salas, pasando entre las camas de las demás mujeres que, al oír el sonido, se deprimían y debilitaban. La diferencia con la Segunda División era que en esta última, el sacerdote accedía por una puerta trasera hasta la enfermería sin ser visto por las demás. Semmelweis decidió estudiar esta posibilidad, así que convenció al sacerdote para que accediese sin ser visto y sin hacer sonar la campanilla, pero la mortalidad no decreció, así que también descartó esta posibilidad.


A estas alturas de la investigación, Semmelweis estaba obsesionado con el problema y comenzó a perder amistades. A los pocos que le quedaban les escribía cosas como:


“No puedo dormir ya. El desesperante sonido de la campanilla que precede al sacerdote, ha penetrado para siempre en la paz de mi alma. Todos los horrores, de los que diariamente soy impotente testigo, me hacen la vida imposible. No puedo permanecer en la situación actual, donde todo es oscuro, donde lo único categórico es el número de muertos. Mujeres muertas. Cientos de mujeres muertas”.


• Observando desesperado las dos Divisiones, comprobó que las mujeres de la Primera División estaban en sus camas de espaldas y las de la Segunda, de lado, así que trató de colocar a las de la Primera de lado, pero no dio resultado.


• Finalmente, en 1847, la casualidad dio a Semmelweis la clave para la solución del problema. Un colega suyo, Jakob Kolletschka, recibió una herida penetrante en el dedo, producida por un bisturí, producida por un estudiante con el que estaba realizando una autopsia, y murió después de una agonía durante la cual mostró los mismos síntomas que Semmelweis había observado en las víctimas de la fiebre puerperal. Kolletschka era un hombre, y por lo tanto era poco probable que tuviera síntomas propios del post-parto, lo cual hacía más difícil la verificación de esta hipótesis. Semmelweis estaba convencido de que las manos e instrumentos de los alumnos que realizaban sus prácticas con autopsias, tenían restos de materia cadavérica, que causaba la muerte de las parturientas. Llegado a este punto, comenzó a explicar su hipótesis mediante experimentos.


Deducción de consecuencias mediante experimentos:


Semmelweis se pregunta “¿Qué pasa si los médicos toman las precauciones necesarias?” Se comienzan a higienizar los instrumentos y las manos de los médicos, que después de cada práctica de autopsia, a pesar de haberse lavado con jabón, tenían un cierto olor a suciedad. Se hace mediante una mezcla de cal clorada.


Una vez hecho esto, el índice de mortalidad de la Primera División disminuyó hasta ser incluso menor que el de la Segunda División (quedando así en 1,27% de mortalidad en la Primera y 1,33% en la Segunda).


El propio Semmelweis comprobó mediante un experimento, que tras examinar a una mujer embarazada a la cual le había diagnosticado un cáncer de útero, contagió la fiebre puerperal a cinco mujeres en periodo de dilatación a las que había examinado después de la primera sin haberse lavado las manos.


El último velo cae. La luz se hace. “Las manos por su simple contacto pueden ser infectantes”. Tras este gran descubrimiento, se empezó a aplicar la misma solución para otros casos como la gangrena, higienizando los instrumentos que estuvieron en contacto con miembros gangrenados. Esto logró reducir en un porcentaje muy alto la mortalidad infantil, algo casi impensable por aquel entonces.


Establecimiento de la ley


“Si se inyecta materia cadavérica en el torrente sanguíneo de una persona sana, ésta se va a contagiar de una infección y puede llegar a morirse”.


A pesar de haberla demostrado, la mayoría de sus colegas se mostraron contrarios al nuevo método. El Dr. Hebrá, uno de los pocos que lo acompañó, escribió: "Cuando se haga la historia de los errores humanos, se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y provocará asombro que hombres tan competentes, tan especializados, pudiesen, en su propia ciencia, ser tan ciegos y tan estúpidos”.


La demostración es irrefutable, pero no le hacen caso: Semmelweis es un modesto médico húngaro que está acusando de suciedad y descuido a las celebridades médicas de la próspera y poderosa Viena. Se le acusa de haber falseado las estadísticas y de que su experimento es erróneo y no puede ser reproducido.



Rechazado y enfermo


Mientras los médicos polemizaban y se negaban a dar su brazo a torcer, las parturientas seguían falleciendo, a pesar de que el remedio era una simple cubeta de cloruro cálcico en la que lavarse las manos. Sólo le apoyan Skoda, Rokitansky, Hébra, Heller y Helm. Prevalece la opinión del influyente Klein y el 20 de marzo de 1849 Semmelweis es expulsado de la Maternidad.


Se traslada a Budapest en plena revolución contra los húngaros y vive en condiciones penosas. Tiene hambre y un brazo y una pierna fracturados. Su amigo, el doctor Markusovsky, consigue que lo acepten en la Maternidad de San Roque de Budapest, dirigida por el doctor Birley. Allí redacta su obra fundamental: De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal. Sus consejos higiénicos son ignorados también en Budapest y Semmelweis se desespera y comienza a deprimirse y a utilizar un tono desequilibrado, como en la carta que dirige a todos los profesores de obstetricia: «Mi descubrimiento, ¡ay!, depende de los tocólogos. Y con esto ya está todo dicho (...) Llamo asesinos a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, ¡tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí no hay otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias...».


Sus adversarios le ridiculizan y le describen como un pobre hombre, un enajenado. Desesperado, pega folletos en Budapest advirtiendo a las embarazadas del riesgo que corren si acuden a los médicos. Su situación es lamentable: padece alucinaciones, busca tesoros escondidos en las paredes de su casa y es internado en un asilo. Le dan el alta, entra en el pabellón de anatomía y delante de los alumnos abre un cadáver y utiliza después el bisturí para provocarse una herida. Quiere demostrar que los fluidos de los cadáveres son venenosos. Cae gravemente enfermo y aunque Skoda acude a Budapest para tratarle, fallece tras padecer los mismos síntomas que las mujeres a quienes había intentado ayudar y muere a los 47 años en brazos de Skoda.


En la actualidad, en el Hospicio General de Viena hay una estatua de Semmelweis, con una placa y la siguiente inscripción: «El salvador de las madres». Su obra científica se reduce a su tesis doctoral, La vida de las plantas (1841) y a Die Ätiologie, der Begriff und die Prophylaxis des Kindbettfiebers (De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal), escrita en 1857 y publicada en 1861. Hoy se cita con frecuencia una de sus frases: «El deber más alto de la medicina es salvar la vida humana amenazada, y es en la rama de la obstetricia donde este deber es más obvio».


2 comentarios:

  1. Buen día amigos, ¿podrían por favor referir donde obtuvieron la información histórica?

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